jueves, 18 de septiembre de 2008

El Santo y el Ladron




Un hombre piadoso seguia a Cristo. Y un ladron observando al hombre
viviendo en santidad penso para si: "Si me siento en la compañia de ese
hombre,
puede ser que Dios se apiade de mi y me perdone." Y con humildad
en su corazon, el ladron empezo a condenarse a si mismo por la vida
que habia llevado hasta ese momento. Considerando que no merecia
sentarse al lado de aquel santo...   
Al contrario el piadoso; que viendo al ladron sentado a su lado, renegaba
diciendole que solo su sombra seria capaz de corromperlo.
Cristo, escuchando la Divina voz dijo, "Dile al piadoso tanto como al ladron,

que he limpiado sus libros. De aqui en adelante las virtudes del piadoso y los
pecados del ladron han sido lavados. Tendran que empezar una nueva vida.
Las virtudes del piadoso se lavaron con su orgullo y los pecados del ladron

se lavaron con su humildad y arrepentimiento. "
 
-al-Ghazzali
Coleccion: James Fadiman & Robert Frager






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miércoles, 17 de septiembre de 2008

LAS MEJORES SEMILLAS

miércoles, junio 27, 2007

Semillas (Cuento Zen)


Recuerda, la semilla nunca corre peligro. ¿Qué peligros podrían afectar a la semilla? Está absolutamente protegida. Pero la planta siempre corre peligro, la planta es muy delicada. La semilla es como una piedra, dura, oculta tras una cáscara. Pero la planta tiene que soportar mil y un peligros. Y no todas las plantas alcanzarán la altura necesaria para florecer, para dar mil y una flores...

Son pocos los seres humanos que llegan al segundo estadio, y muy pocos de los que alcanzan el segundo estadio llegan al tercero, el del florecimiento. ¿Por qué no pueden alcanzar ese tercer estadio, ese estadio de dar flores? Por la avaricia, por la mezquindad, no quieren compartir... por un estado de desamor.

Hace falta coraje para convertirse en planta y hace falta amor para convertirse en flor. Una flor indica que el árbol está abriendo su corazón, soltando su perfume, dando su alma, derramando su ser sobre la existencia. No te quedes en la semilla. Reúne coraje, coraje para dejar el ego, coraje para abandonar las seguridades, coraje para dejar caer las certezas, coraje para ser vulnerable.

Un gran rey tenía tres hijos, y quería elegir a uno de ellos para ser su sucesor. Era muy difícil porque los tres eran muy inteligentes, muy valientes. ¿Cuál escoger? Entonces preguntó a un gran sabio, y el sabio le sugirió una idea... El rey volvió a palacio y reunió a sus tres hijos. Dió a cada uno de ellos una bolsa de semillas de flores y les dijo que se iba a hacer una peregrinación: —Tardaré unos años; uno, dos, tres, o quizá más. Y esto es una especie de prueba para vosotros. Me tendréis que devolver las semillas cuando regrese. Quien las proteja mejor será mi sucesor.Y salió a hacer su peregrinación.

El primer hijo las encerró en un cofre de hierro porque tenía que devolvérselas a su padre tal como estaban.

El segundo hijo pensó: «Si dejo las semillas encerradas como ha hecho mi hermano, se morirán. Y no puede decirse que una semilla muerta sea semilla en absoluto. Mi padre podría decir: 'Yo te he dado semillas vivas, que podían crecer, pero éstas están muertas; no pueden crecer'». Por eso se fue al mercado, vendió las semillas y se quedó el dinero. Y pensó: «Cuando mi padre regrese, volveré al mercado, compraré semillas nuevas y se las daré; serán mejores que las que él me dio a mí».
Pero el tercero fue el que mejor lo hizo. Fue al jardín y espació las semillas por todas partes.

Después de tres años, cuando el padre volvió, el primer hijo abrió su cofre. Todas sus semillas estaban muertas y olían mal. Y el padre dijo: —¡Qué! ¿Son estas las semillas que yo te di? Aquellas podían crecer y dar flores de delicado perfume y estás apestan. ¡Estas no son mis semillas!

Fue al segundo hijo. Éste corrió al mercado, compró semillas, volvió a casa y dijo: —Éstas son las semillas. —Lo has hecho mejor que tu hermano mayor —dijo el padre—, pero no eres tan capaz como me gustaría.

El rey fue a su tercer hijo. Con gran esperanza y miedo en su corazón le dijo: —¿Qué has hecho? Y el tercer hijo le llevó al jardín donde pudo ver millones de plantas florecientes, millones de flores por todo. Y el hijo dijo: —Estas son las semillas que me diste. Pronto recogeré las semillas y te las devolveré. Ya están casi listas para la recolección. —Eres mi sucesor —dijo el padre—, esto es lo que hay que hacer con las semillas. (Tarot de la Transformación de Osho)

Llegamos a este mundo con un potencial, con un equipaje que nos permite desarrollarnos y aprender... Sembrar para recoger una cosecha: la de la experiencia que nos conduce al conocimiento.

Esto no puede darse sin trabajo, sin superar los obstáculos que se nos presenten, sin aceptar tanto la tempestad como el buen tiempo, aún sabiendo que habrá que afrontar numerosos peligros.


No quiero perderme esa aventura porque sé que me conducirá al propio conocimiento, al re-conocimiento de mi destino.


Simplemente hay que vivir....


Kuan

Friendster

LA LECHUGA

Una noche, varios estudiantes esparcieron queso Limburgo sobre el labio superior de un compañero de cuarto mientras éste dormía.

Al despertarse, el joven sintió el mal olor y exclamó: "¡Esta habitación huele mal!"

Se asomó al pasillo y dijo: "¡El pasillo huele mal!"

Saliendo del dormitorio dijo: "¡El mundo entero huele mal!"

¿Cuánto tiempo crees que tardó en darse cuenta de que el problema estaba debajo de su nariz?

Es fácil, y hasta nos resulta natural, encontrar defectos en el mundo que nos rodea, y seguir ciegos a la manera en que contribuimos al problema. ¿Seremos nosotros el problema?

Cuando plantamos lechuga y no crece bien, no le echamos la culpa a la lechuga, sino que buscamos las razones por las cuales no está creciendo bien. Tal vez necesite fertilizante, o más agua, o menos sol.

En el huerto de nuestras relaciones interpersonales, nuestro trabajo como jardineros es buscar el clima más propicio y nutrir el suelo. Debemos quitar la maleza del negativismo y la autojustificació n para proteger las tiernas plantas del calor de los celos y de los fuertes vientos de la ira. Cuando aplicamos el amor de Dios y su cuidado en el trato con las personas, ciertamente nuestras relaciones crecerán y florecerán.
1 Corintios 3:8
Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.