martes, 5 de mayo de 2009

Rv: HISTORIA DE LOS CLAVOS












     
 

Su padre le dió una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.

El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta.

Las semanas que siguieron, a medida que él aprendió a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.

Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta.
Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día.

Después de informar a su padre, este le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter.

Los días pasaron y el jóven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta.

Le dijo "has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma.

Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves."

Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo como se lo digas lo desbastará, y la cicatriz perdurará para siempre.

Una ofensa verbal es tan dañina como una física. Los seres que te acompañan en todas las àreas de tu vida  son joyas preciosas, tràtalos como tales!!!.








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jueves, 30 de abril de 2009

leyenda del ombù


Leyenda del Ombú


El ombú alcanza alturas de hasta 16 - 18 metros.

Cuando Dios hizo el mundo, después de haber hecho los mares y la tierra, los hombres y los animales, cuando hacía las plantas, a cada una le preguntaba lo que quería ser. Cuando le llegó el turno al quebracho, éste le dijo:


-"Tata Dios ... ió quero ser juerte y duro pa' resistir los golpes de la suerte", y Tata Dios lo hizo fuerte y duro.


Cuando le llegó el turno al jacarandá, éste dijo:


-"Tatita ... ió quero ser coqueta como mujer", y Tata Dios la hizo coqueta ...


Después le llegó el turno al cañaveral.


-"Qué querís ser vos?" ... le dijo Tata Dios ...


-"Ió quero ser, Tata Dios, largo y duro pa' ser lanza e' soldado y picana 'e los bueyes en el trabajo 'e las carretas ... " dijo el cañaveral del cañadón.


Por último le llegó el turno al ombú y éste al ser preguntado por Tata Dios, le contestó:


-"Tata Dios ... ió quero ser coposo para dar sombra y descanso a los caminantes; ió no quero flores ni perfumes, ni vistosos colores, ni jugo, ni siquiera fruto ... que mi tronco sea blando y que ni los clavos puedan quedar clavados en mi madera ... Tata Dios ... ió quero hacer el bien a los hombres ... ió quero aliviarles las fatigas cuando cruzan las llanuras y los montes, los ríos y montañas bajo el sol calcinante y muertos de sed en medio de la tierra reseca por el fuego y el calor ... "


Y Tata Dios lo hizo como le pidió el ombú.


Pasaron muchos siglos y siglos ... Vino el Redentor del mundo, salvó a los hombres y éstos lo crucificaron. Cuando el ombú lo supo corrió y pidió hablar con Tata Dios. Tatita Dios consintió y el pobre ombú lleno de dolor; le dijo:


-"Tata Dios ... cuando usted hizo los árboles les preguntaba a todos qué querían ser ... y tuitos querían ser bonitos, lindos y juertes ... Ió no quería nada d'eso pa' que jamás pudiera servir de cruz, como sirvieron otros otros árboles p'al Hijo de Dios que nos trajo amor al mundo ... "


-"¡Ah ... já! ... bueno m'hijito ... mi hais ienao de satisfacción ... A naides había oído hablar tan lindo", dijo Tata Dios ... y abrazándolo, le dijo: "Ió te protegeré por toda la eternidad para que sigas haciendo el bien a los hombres ... "





"AB ALIO EXPECTES, ALTERI QUOD FECERIS " Pluvio


--- El jue 30-abr-09, Hector Pedernera <pedernera17@gmail.com> escribió:

De: Hector Pedernera <pedernera17@gmail.com>
Asunto: OMBÚ
Para:
Fecha: jueves, 30 de abril de 2009, 12:05 pm

OMBU
(Phytolacca dioica)

El ombú es un árbol de la familia de las fitolacáceas, que simboliza a la pampa. Es voz de origen guaraní: umbú que significa sombra o bulto oscuro. Se lo considera más bien una hierba gigantesca que un árbol. Es de corteza gruesa y blanca, madera fofa, hojas alternas y simples, con flores dioicas en racimos de mayor longitud que las hojas. Crece muy bien en la llanura pampeana y su generosa sombra cobija a los viajeros y al humilde rancho campesino formando parte del paisaje. El ombú es originario de Argentina, y ningún otro árbol tiene tanto derecho al nombre de "árbol gaucho" como el ombú. El campesino buscaba su vecindad cuando iba a construir el rancho, ya que su sombra reparadora y su fresca lo defendía del calor y las tormentas del invierno. El ombú vive siglos, con su enorme copa verde, erguido y firme. No hay huracán que pueda derribarlo, ni rayo que logre fundirlo. Sus hojas medicinales, hervidas en agua, son un purgante eficaz.

 

Leyenda del Ombú



El ombú alcanza alturas de hasta 16 - 18 metros.

Cuando Dios hizo el mundo, después de haber hecho los mares y la tierra, los hombres y los animales, cuando hacía las plantas, a cada una le preguntaba lo que quería ser. Cuando le llegó el turno al quebracho, éste le dijo:


-"Tata Dios ... ió quero ser juerte y duro pa' resistir los golpes de la suerte", y Tata Dios lo hizo fuerte y duro.


Cuando le llegó el turno al jacarandá, éste dijo:


-"Tatita ... yo quiero ser coqueta como mujer", y Tata Dios la hizo coqueta ...


Después le llegó el turno al cañaveral.


-"Qué querís ser vos?" ... le dijo Tata Dios ...


-"Ió quero ser, Tata Dios, largo y duro pa' ser lanza e' soldado y picana 'e los bueyes en el trabajo 'e las carretas ... " dijo el cañaveral del cañadón.


Por último le llegó el turno al ombú y éste al ser preguntado por Tata Dios, le contestó:


-"Tata Dios ... yo quiero ser coposo para dar sombra y descanso a los caminantes; ió no quero flores ni perfumes, ni vistosos colores, ni jugo, ni siquiera fruto ... que mi tronco sea blando y que ni los clavos puedan quedar clavados en mi madera ... Tata Dios ... ió quero hacer el bien a los hombres ... yo quieroaliviarles las fatigas cuando cruzan las llanuras y los montes, los ríos y montañas bajo el sol calcinante y muertos de sed en medio de la tierra reseca por el fuego y el calor ... "


Y Tata Dios lo hizo como le pidió el ombú.


Pasaron muchos siglos y siglos ... Vino el Redentor del mundo, salvó a los hombres y éstos lo crucificaron. Cuando el ombú lo supo corrió y pidió hablar con Tata Dios. Tatita Dios consintió y el pobre ombú lleno de dolor; le dijo:


-"Tata Dios ... cuando usted hizo los árboles les preguntaba a todos qué querían ser ... y tuitos querían ser bonitos, lindos y fuertes ... yó no quería nada de eso para que jamás pudiera servir de cruz, como sirvieron otros otros árboles p'al Hijo de Dios que nos trajo amor al mundo ... "


-"¡Ah ... já! ... bueno m'hijito ... mi has llenado de satisfacción ... A naides había oído hablar tan lindo", dijo Tata Dios ... y abrazándolo, le dijo: "Ió te protegeré por toda la eternidad para que sigas haciendo el bien a los hombres ... "






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LEYENDA DEL CEIBO


LEYENDA DEL CEIBO:

Cuenta la leyenda que en las riberas del Paraná, vivía una indiecita fea, de rasgos toscos, llamada Anahí. Era fea, pero en las tardecitas veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños... Pero llegaron los invasores, esos valientes, atrevidos y aguerridos seres de piel blanca, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos, y su libertad.

Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva.

El grito del moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que salieron en una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien  al rato,  fue alcanzada por los conquistadores. Éstos, en venganza por la muerte del guardián, le impusieron como castigo  la muerte en la hoguera.

La ataron a un árbol e iniciaron el fuego, que parecía no querer alargar sus llamas hacia la doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado. Y cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificándose con la planta en un asombroso milagro.

Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.








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