lunes, 19 de mayo de 2008

Qué clase de gente?

Había una vez un sabio que vivía en un pueblo y a quien muchos iban a ver en busca de consejo e información.
Cierto día, un recién llegado fue a ver al sabio y le dijo: ¿Qué clase de gente vive aquí?
Pero el sabio respondió con otra pregunta: ¿Qué clase de gente es la que vive en el pueblo de donde vienes?
El recién llegado replicó: ¡Oh!, son unos miserables, hostiles, mezquinos, sin sentimiento de solidaridad.  ¡Es muy difícil convivir con ellos!
Bien –dijo el sabio-, esa misma clase de gente encontrarás aquí.
El poco tiempo, otro visitante llegó al pueblo y le hizo al sabio la misma pregunta: ¿Qué clase de gente vive aquí?  El anciano replicó preguntando: ¿Cómo era la gente del lugar donde vienes?
Oh –el segundo forastero respondió-, eran personas espléndidas, bondadosas, buenos amigos.  Llenos de bondad. Siento haberlos dejado.
Entonces –dijo el sabio- esa misma clase de gente encontrarás aquí.
 
Henry Thomas Hamblin (1873-1958) Del libro "El poder del pensamiento"

jueves, 15 de mayo de 2008

La Anciana

A la entrada del gran bazar se reunían toda clase de mendigos. Me
llamó especialmente la atención una anciana llena de andrajos que
parecía la más pobre de todos ellos.
- Por favor -gemía-, llevo tres días sin comer.
Rebusqué en mis bolsillos y le di dos monedas. Esperé escondido en un
zaguán hasta que se levantó, con el propósito de seguirla y ver en qué
invertía la parca limosna que le había dado.
Despacio y cansina, la anciana avanzó lentamente entre la multitud que
abarrotaba el mercado. Durante unos momentos la perdí de vista, y
cuando volví a verla, caminaba ya mucho más alegre, apretando con
cuidado un bulto bajo la túnica.
Tomó un callejón lateral que salía del mercado y desembocaba en una
especie de plaza calurosa y polvorienta. Allí, sentada a la sombra del
único árbol que había sobrevivido al terrible viento del desierto, la
mujer levantó la túnica y sacó un mendrugo de pan y una magnífica rosa
roja. Hizo una mueca que debía ser una sonrisa, al tiempo que comenzó
a ablandar el pan con sus encías desdentadas.
La contemplé mientras deshizo el mendrugo lentamente y, poco a poco,
se fue comiendo hasta la última migaja mientras observaba la rosa con
ojos brillantes. Después, una expresión de paz se reflejó en su
rostro.
Me acerqué junto a ella y le pregunté:
- Anciana, ¿cómo es posible que alguien tan pobre como tú haya
derrochado una de las dos monedas que le di en esa extraña flor?
La anciana me miró desde sus cien años de sabiduría y dijo:
- Tenía dos monedas. Con una compré con qué vivir. La otra la gasté
para tener por qué vivir...

PARABOLA DEL AMOR

"Te moldearé", le dijo el hacha al pedazo de hierro mientras descendía
con toda su fuerza sobre uno de sus costados. Pero a cada golpe que le
daba iba perdiendo su filo, hasta que después de un rato aquella
herramienta no pudo más, había quedado completamente obtusa.

"Déjenmelo a mí", repuso el serrucho mientras clavaba sus dientes en
el pedazo de hierro, los cuales fueron desapareciendo uno por uno.

"Yo me encargaré de modelarlo", profirió con arrogancia el martillo,
mientras se burlaba de sus compañeros que habían fracasado. Pero
después de varios golpes se le quebró el mango y se le desprendió la
cabeza.

"¿Me permiten probar?, inquirió humildemente una pequeña llama. Los
tres se rieron a carcajadas, pero se lo permitieron porque estaban
convencidos de que también iba a fracasar. Sin embargo, aquella
llamita cubrió el pedazo de hierro; no se desprendió de él, lo abrazó
y lo abrasó con tanto calor.. que destilaba ternura,hasta volverlo
blando y darle la figura que quería. Aquella pequeña llama logró lo
que las otras tres poderosas herramientas no pudieron alcanzar. Así es
el amor.

Hay en el mundo corazones tan duros que pueden resistir los hachazos
de la ira, los dientes del encono, y los golpes de orgullo y del
rechazo, pero por más severo que sea el corazón de la persona, no
podrá resistir los embates del amor; porque el amor es la fuerza más
poderosa de este mundo.